Hecha esta necesaria aclaración hay que decir que la historia pasada y presente de Salvatierra de los Barros no es posible explicarla si nos olvidamos de su posición -en plena sierra y cruce estratégico de caminos- y de una de sus principales señas de identidad: el barro.

Salvatierra no puede explicarse sin el barro, sin la artesanía que surge de él. La Historia cuenta que el alfarero es un oficio milenario y que los salvaterrenses lo vienen ejerciendo desde hace siglos. Salvatierra no se entiende sin el barro, sin el calificativo que le da nombre, y así viene siendo secularmente:

" en esta villa desde antiguo se han labrado los más preciosos varros encarnados y los más finos de toda España, surtiéndose de ellos la Extremaduras Alta y Vaja, la ciudad de Toledo, las quatro provincias de Andalucía, la villa de Madrid y en varias ocasiones hasta el señorío de Vizcaya(...) Estos afamados fabricantes por mucha aplicanción que han tenido, esmero y fatiga con que han travajado sus yndividuos, como lo demuestra la notoriedad de la pública común aclaración, proviniendo de aqui haverle dado a esta villa el sobre nombre de Varros por la excelencia de las piezas que se fabrican en ella".

(Catastro de 1752, Archivo Histórico de Cáceres, libro 149).

 

Quien no ha visitado Salvatierra de los Barros puede tener la tentación de encuadrarla en la Comarca de Tierra de Baros. Se equivocaría rotundamente; el calificativo "de los Barros", hay que situarlo por lo que es el referente principal de la población: su artesanía, y no por coincidir con las características naturales de esa comarca extremeña. El paisaje de Salvatierra de los Barros es muy variado; las llanuras y penillanuras de aquellas se cambia aquí por la zona montañosa que anuncia la Sierra Morena extremeña y donde se siembra poco.